He querido en esta ocasión hacer algunas
reflexiones sobre la hermosa fiesta de Navidad. El Cristianismo celebra en el
mundo entero el aniversario del nacimiento de Jesucristo: la Natividad, y un
manto de bienestar espiritual viene a cubrir a los millones de hombres y
mujeres, que miran a sus hijos queriendo ver en ellos la inocencia y la dulzura
que tendría el Gran Maestro en su pesebre allá en Belén. Se detiene el ritmo
acelerado que impone la forma de vida actual y recupera su valor la familia,
con la presencia de José carpintero y María. No podría ser más humilde el lugar
y el ambiente donde nace nuestro Gran Maestro, que sería capaz de cambiar el
pensamiento religioso de tan vastos territorios e implantaría en ellos la fe
basada en el amor a Dios y al prójimo, legándonos la fuerza moral vigente hoy
en todos los códigos del mundo.
Gaspar,
Baltasar y Melchor, los famosos Reyes Magos, en pos de una estrella, llegaron
hasta el Pesebre para adorar a Jesús recién nacido, poniendo a sus pies las
ofrendas más preciadas: incienso, mirra y oro y gozaron con la contemplación
del infante, acompañados por los pastores y animales del pesebre. Tal vez este
gesto generoso sea el que haya originado la costumbre de regalar a los niños en
la Navidad, para entregarles un poco de felicidad, porque el juego es esencial
en esta etapa de su desarrollo, por la riqueza de su fantasía.
No
sé cuando interviene San Nicolás Obispo en nuestra fiesta navideña. Sólo sé que
su nombre deriva a San Nikolaus en alemán, para luego ser Santa Claus, Papá
Noél y por último, nuestro Viejito Pascuero. San Nicolás se le recuerda por
haber sido muy cariñoso con los niños de su época, a quienes regalaba dulces y
juguetes. En Europa se celebra su día el 6 de diciembre, pero nosotros lo
incorporamos en nuestros hogares en la noche del 24 al 25 de diciembre, noche
en que mágicamente recorre todos los hogares del mundo llevando en su trineo
conducido por renos, la ilusión de dar alegría sin medida para los que serán
hombres y mujeres del futuro.
Pero
de estos dos acontecimientos, que suman la esperanza de un mejor mañana, no
debemos de confundir la importancia fundamental que tiene el recordar primero
el nacimiento de Jesús, porque es el pilar de nuestros valores cristianos y porque
su vida es el mejor ejemplo y la más hermosa entrega que hace a sus semejantes,
y porque necesitamos de la moral cristiana y de sus valores para mejorar
nuestras conductas y las de nuestros hijos y rescatarlos de los antivalores que
invaden sus comportamientos, influenciados por una sociedad deshumanizada.
Por
ello, es conveniente modificar algunas costumbres consumistas del comercio que
se aprovechan de la ocasión, para comprometer el bolsillo de Papá Noel mucho
más allá de lo aconsejable, transformándose la Navidad en una suma de
compromisos económicos que generan ciertos grados de ansiedad por las
preocupaciones futuras y se deja de lado el verdadero sentido de la Navidad,
que es celebrar con humildad el nacimiento de Jesús, pidiendo al Viejito
Pascuero salud, trabajo y amor para los mayores y amor, cariño y paz para los
menores.
Un Gran abrazo y……¡¡¡¡¡ Feliz Navidad !!!!!

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