
Esta vez quiero empezar mi comentario sabatino con dos breves versos:
“Cobijado en mis recuerdos,
de alegrías y tristezas,
de los amigos ya idos
en camino hacia el olvido,
voy cantando los motivos
de estos versos tan sentidos,
y se ahonda el sentimiento
por mi pueblo tan querido.
Ha diez años que estoy fuera
sin poderme conformar,
¿cómo pudo la “lesera”
de la ambición superar,
y por tan pocas monedas
la población entregar?
¡Con qué cara hoy en día
se atreven a protestar!
Son expresiones que nacen del alma y se remontan a aquellos instantes en que con todas nuestras pertenencias puestas sobre un camión de mudanzas hacíamos abandono con mi esposa, del pueblo que vio transcurrir nuestras vidas desde la niñez hasta los inicios de la tercera edad. Estaban demasiado cercanas las últimas vivencias que significaban una despedida de Potrerillos, después de haber hecho lo posible por que no cerraran los campamentos. Rondaban las imágenes de la última licenciatura de los Octavos Años de nuestra querida Escuela D Nº 4, que nos cobijara en nuestra infancia como estudiantes de primaria para luego, ya titulados, ejercer por más de cuarenta años la docencia, integrados a la comunidad que nos vio crecer como profesionales y aún sonaban en mis oídos los versos del Himno del colegio que nos identificaba y que era entonado por última vez por los egresados, los docentes y los apoderados que llenaban totalmente los aposentos del Cine Andes, todos de pie, despidiendo respetuosamente y con tristeza y emoción a quienes a lo mejor no verían nunca más en sus vidas:
de alegrías y tristezas,
de los amigos ya idos
en camino hacia el olvido,
voy cantando los motivos
de estos versos tan sentidos,
y se ahonda el sentimiento
por mi pueblo tan querido.
Ha diez años que estoy fuera
sin poderme conformar,
¿cómo pudo la “lesera”
de la ambición superar,
y por tan pocas monedas
la población entregar?
¡Con qué cara hoy en día
se atreven a protestar!
Son expresiones que nacen del alma y se remontan a aquellos instantes en que con todas nuestras pertenencias puestas sobre un camión de mudanzas hacíamos abandono con mi esposa, del pueblo que vio transcurrir nuestras vidas desde la niñez hasta los inicios de la tercera edad. Estaban demasiado cercanas las últimas vivencias que significaban una despedida de Potrerillos, después de haber hecho lo posible por que no cerraran los campamentos. Rondaban las imágenes de la última licenciatura de los Octavos Años de nuestra querida Escuela D Nº 4, que nos cobijara en nuestra infancia como estudiantes de primaria para luego, ya titulados, ejercer por más de cuarenta años la docencia, integrados a la comunidad que nos vio crecer como profesionales y aún sonaban en mis oídos los versos del Himno del colegio que nos identificaba y que era entonado por última vez por los egresados, los docentes y los apoderados que llenaban totalmente los aposentos del Cine Andes, todos de pie, despidiendo respetuosamente y con tristeza y emoción a quienes a lo mejor no verían nunca más en sus vidas:
“Escuela D Nª 4 alza tu nombre,
crisol de ensueños de la juventud,
alza, muchachos, que el futuro es nuestro,
por nuestra Escuela gritemos: ¡Salud!...
Profesores, alumnos y apoderados emprendíamos rumbos distintos y se disgregaba la gran familia potrerillana.
Recuerdo con emoción los momentos vividos en la Misa Solemne realizada en nuestra parroquia de Nuestra Señora del Carmen, con la presencia de Monseñor Aristía (QEPD) y nuestro pastor, un sacerdote español de origen maltés que hoy se encuentra en su tierra por problemas de salud de su señora madre, pero que mostró en palabras y hechos un tremendo compromiso con la causa potrerillana. La nave de nuestra iglesia repleta de gente, donde tuve el honor de hacer una semblanza sobre el significado de nuestro pueblo para quienes, presentes en esa ocasión, teníamos el corazón oprimido por la emoción de una despedida en el templo, que fuera mudo testigo de nuestra profesión de fe en bautismos, confirmaciones, casamientos, defunciones, misas y procesiones, ruegos y oraciones. Era un Adiós, un decir “vayan con Dios”.
Puedo evocar con nitidez los momentos vividos tras bambalinas cuando el Círculo Literario de Potrerillos, a teatro lleno presentaba las creaciones literarias de los alumnos de la Escuela y del Liceo, más los trabajos de los adultos que componían dicho centro bajo la dirección del escritor y poeta don Ricardo Ponce, donde se expresaba el cariño por nuestra tierra potrerillana y los estados de pertenencia e identidad que existían en nuestra población, para luego rematar con la presentación de un humilde casette realizado por el Grupo Magisterio, que con sus canciones pretendía colocar un ramillete melódico en un rincón de los recuerdos del corazón de los potrerillanos.
Todo ello transcurrió en el mes de diciembre de 1998. Estábamos terminando el año escolar y el tiempo trascurrió tan rápido, que apenas lo hubo para embalar nuestras pertenencias y ya iba junto al chofer mirando como el paisaje, recorrido miles de veces, trataba de fijarlo en mi retina, porque sabía que lo estaba observando por última vez. Los recuerdos se agolpaban en mi cabeza, con un desfile sinfín de escenas familiares, de amistades, de trabajo, de relaciones profesionales, de caritas de niños, mientras se perdían en las curvas de la cuesta Los Patos los campamentos alineados hacia el oeste junto a las altas chimeneas de la fundición. En esos momentos me sentía como un exiliado, que había perdido mis raíces…mi pertenencia… y quedaban resonando mis versos de despedida…
“Me voy amándote, POTRERILLOS,
Pueblo querido de corazón,
Siempre estarás en mis pensamientos
Porque te quiero sin condición.”
crisol de ensueños de la juventud,
alza, muchachos, que el futuro es nuestro,
por nuestra Escuela gritemos: ¡Salud!...
Profesores, alumnos y apoderados emprendíamos rumbos distintos y se disgregaba la gran familia potrerillana.
Recuerdo con emoción los momentos vividos en la Misa Solemne realizada en nuestra parroquia de Nuestra Señora del Carmen, con la presencia de Monseñor Aristía (QEPD) y nuestro pastor, un sacerdote español de origen maltés que hoy se encuentra en su tierra por problemas de salud de su señora madre, pero que mostró en palabras y hechos un tremendo compromiso con la causa potrerillana. La nave de nuestra iglesia repleta de gente, donde tuve el honor de hacer una semblanza sobre el significado de nuestro pueblo para quienes, presentes en esa ocasión, teníamos el corazón oprimido por la emoción de una despedida en el templo, que fuera mudo testigo de nuestra profesión de fe en bautismos, confirmaciones, casamientos, defunciones, misas y procesiones, ruegos y oraciones. Era un Adiós, un decir “vayan con Dios”.
Puedo evocar con nitidez los momentos vividos tras bambalinas cuando el Círculo Literario de Potrerillos, a teatro lleno presentaba las creaciones literarias de los alumnos de la Escuela y del Liceo, más los trabajos de los adultos que componían dicho centro bajo la dirección del escritor y poeta don Ricardo Ponce, donde se expresaba el cariño por nuestra tierra potrerillana y los estados de pertenencia e identidad que existían en nuestra población, para luego rematar con la presentación de un humilde casette realizado por el Grupo Magisterio, que con sus canciones pretendía colocar un ramillete melódico en un rincón de los recuerdos del corazón de los potrerillanos.
Todo ello transcurrió en el mes de diciembre de 1998. Estábamos terminando el año escolar y el tiempo trascurrió tan rápido, que apenas lo hubo para embalar nuestras pertenencias y ya iba junto al chofer mirando como el paisaje, recorrido miles de veces, trataba de fijarlo en mi retina, porque sabía que lo estaba observando por última vez. Los recuerdos se agolpaban en mi cabeza, con un desfile sinfín de escenas familiares, de amistades, de trabajo, de relaciones profesionales, de caritas de niños, mientras se perdían en las curvas de la cuesta Los Patos los campamentos alineados hacia el oeste junto a las altas chimeneas de la fundición. En esos momentos me sentía como un exiliado, que había perdido mis raíces…mi pertenencia… y quedaban resonando mis versos de despedida…
“Me voy amándote, POTRERILLOS,
Pueblo querido de corazón,
Siempre estarás en mis pensamientos
Porque te quiero sin condición.”